
"Son todas giladas de algunos locutores, no nos vamos a separar, hay Renga para rato y encima estamos trabajando en un nuevo disco, se va a llamar Canibalismo Galáctico, esperemos que les guste". Clarito, sin vueltas, el mismo día que marcaba el final (al menos por ahora) de otra banda (Los Piojos) Chizzo dedicaba "Moscas verdes para el charlatán", un viejo clásico de Esquivando Charcos, a los que habían sembrado la duda de que se venía un parate incierto para la banda de Mataderos. Y no sería ésta la única intervención que involucraría a La Renga con los medios. Más tarde, y con una de las mayores ovaciones de la noche, anunciaron que el show se estaba transmitiendo a través de radios comunitarias de toda Latinoamérica, con ayuda en el armado, de su amigo, el Ruso Verea, "hay que democratizar los medios, no queremos monopolios" dijo Manu (saxofonista), encargado de explicar la postura: rock and roll y nueva ley de medios para todo el mundo.
Dos horas y media de un show cargado y poderoso, con Tete recorriendo maratónicamente el escenario de un lado a otro, con Chizzo anunciando los temas de manera cavernosa y desarmando su Gibson a puro blues rabioso, enojado con las zapatillas que caían una y otra vez ("¿quién te manda, Los Piojos?"). ¿No es "El revelde" la interpretación renguera del clásico "La guitarra" de los Decadentes? Puede ser, recorriendo el mundo por el costado y cayéndole de maravillas a sus fans devotos, La Renga dejó un último mensaje para los que se habían acercado hacia La Plata y asustado con sus costumbres a un barrio sereno: "vuelvan todos en paz, así como llegaron hasta acá". Como siempre, clarito, sin vueltas. Y todo terminó, "Hablando de la Libertad" fue la despedida de un tremendo show de rock.
Por Ariel Valeri
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